Diócesis de San Cristóbal de Las Casas
Provincia de Chiapas

En estos tiempos de mercado y competitividad todos buscamos calidad. Exigimos calidad en el agua, la carne, la fruta, las flores, en los productos fabricados, etc. pero casi nadie habla de la calidad humana y sin ella todo lo demás pasa a segundo término.

De nada sirve trabajar de sol a sol en un lugar donde no tenemos amigos y llegar cansados a un hogar en el que todos están prendidos en sus aparatos electrónicos y nadie se interesa en saber cómo nos fue. De nada sirve preparar una rica sopa si quien se la come no reconoce la virtud de quien la ha cocinado. Es muy triste tener una preocupación y no contar con una persona a quien se le pueda abrir el corazón.

Para que tener tantas cosas materiales si no tenemos con quién compartirlas. Para que trabajar, luchar y sufrir cuando se hace por nada y por nadie. Que satisfacción podemos encontrar si en lugar de hacer sonreír a una persona le causamos amarguras. Que le importa a un padre abandonar su familia y hacerle daño, solo por satisfacer su egoísmo. Que le importa a un alcohólico destruirse él ya sus seres queridos. Hay tanta gente que desde hace tiempo se le ha endurecido el corazón y no es capaz de ser sensible ante el hambre de un pobre, la soledad de un anciano, el dolor de un enfermo.

La crisis económica es consecuencia de la voracidad y la rapiña de los hombres de las finanzas; saben de cuentas financieras pero nada del amor.

Es importante exigir calidad en los productos que compramos, pero no olvidemos que es mucho más importante no perder nunca la calidad humana.

El Papa Francisco nos hace un llamado para no caer en la globalización de la indiferencia. Y una canción nos recuerda que solo el amor engendra la maravilla y convierte en milagro el barro. El que no ama se hace inhumano, a veces peor que las bestias. San Juan nos dice que quien no ama su hermano está muerto.​

CALIDAD HUMANA