DIÓCESIS DE SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS


1. Jesús no murió de viejito, ni de enfermedad, ni de accidente. Fue asesinado bajo el poder de Poncio Pilato gobernador romano. Primero fue perseguido, encarcelado, torturado, condenado, crucificado; tuvo una cruel agonía y después murió. El sabía de antemano que todo eso le iba a pasar si continuaba hablando con la vierdad, denunciando las injusticias y luchando contra el poder opresor para liberar a la humanidad. No renunció a su misión  y todo sucedió como estaba previsto.
2. Jesús no fue el único en ser tratado de esa manera; muchos antes de él y muchos después de él fueron tratados de manera semejante. El mismo se llegó a comparar con los profetas que habían sido perseguidos y asesinados antes de él. Al igual que los profetas también son perseguidos todos  aquellos que buscan vivir y defender el camino de la verdad; algunos de ellos son asesinados por los que buscan el mal y la mentira. Ese es el camino real de la humanidad.
3. Jesús quiso saber lo que era ser humano en la verdad de este mundo, quiso tener la misma experiencia de los hombres justos; quiso pasar por la misma opresión. Fue hasta excomulgado por los sacerdotes de su tiempo, los jefes lo condenaron a muerte y el pueblo se quedó callado; los que se decían sus amigos huyeron sin hacer nada por e1. Fue llevado afuera de la ciudad para ser crucificado como señal de maldición. Así es como trataban a los que hablan con la verdad.
4. Pero todavía peor, Jesús se sintió también  abandonado hasta de su Padre. Esta también fue la experiencia que viven todos los hombres ante la misma situación. El Padre no hizo ningún milagro para salvarlo de las manos de sus malhechores. El Padre no vino a demostrarles a todos que estaba con el. El Padre no hizo nada para defenderlo, y los verdugos ven en este silencio de Dios la prueba de que ellos tenían la razón y que Jesús estaba equivocado.
5. Jesús era hijo de Dios y podía haber pedido al Padre ejércitos de ángeles para exterminar a sus enemigos. Pero entonces, ¿dónde quedaba el mérito? ¿Donde iba a quedar el ejemplo? Jesús podía pedir el auxilio de los ejércitos celestiales para si mismo y dejar a los otros hombres a su suerte en medio de sus persecuciones. Para acabar de una vez con los perseguidores habría que exterminarlos y asunto acabado. Se trataba, de matar o dejarse matar. Jesús prefirió ser asesinado antes que matar. Prefirió quedarse con los oprimidos, compartir su misma suerte.
6. Pero ¿por que fue necesario tener que pagar con el precio de la sangre? ¿Será que la muerte en si tiene valor y fuerza? ¿Por qué nos quiso marcar ese camino? Antiguamente algunos llegaron a decir que Jesús debía morir porque debía expiar nuestros pecados. Decían: por nuestros pecados debíamos merecer un castigo para corregimos. Alguien debía pagar y sufrir el castigo. Jesús por lo tanto debía sufrir el castigo en nombre de todos nosotros... 
7. ¿Será esto verdad? No, de ninguna manera debemos entender así las cosas. Jesús no murió porque el Padre necesitaba de un castigo para la humanidad o porque alguien debía sufrir para limpiar nuestros pecados. Jesús murió porque lo mataron. Una vez que los hombres lo mataron, su muerte fue transformada en camino de vida. ¿Esto quiere decir que la muerte tiene un valor? No es la muerte la que tiene un valor sino el motivo de su muerte, se entregó totalmente para darnos su Reino. El quiso darnos una vida buena, digna y abundante y eso lo pagó con su sangre. La certeza que él tenía de que este era el camino verdadero que lleva a la liberación de su pueblo fue lo que le dio fuerzas para enfrentar el martirio. No quiso huir, no quiso quedarse callado, no quiso ceder ante sus adversarios Y aunque el Padre lo dejó solo, él siguió confiando en su Padre. Fue esta firmeza de Jesús la que se convirtió en fuente de la nueva vida. Porque fue fiel a la causa de los pobres hasta el final su Padre lo resucitó y llegó hacer de él la cabeza y el primero de todos sus seguidores de los que habrán de resucitar como él.
8. La crucifixión de Jesús abre un camino que San Pablo llama de “locura de la cruz”. Locura porque los sabios de este mundo buscan lo práctico, lo efectivo pagando el menor precio posible. Aquel que quiere ser fiel, auténtico, que busca la justicia y la verdad, se condena a sufrir, a ser víctima como Jesús. Él nos propone ese camino, el que cuesta más. No es el camino fácil de la comodidad sino el del sacrificio. Al final del camino no está luego la recompensa sino la persecución. Después está la victoria. Este es el camino que Jesús propone a sus seguidores.

LA MUERTE DE JESÚS