Diócesis de San Cristóbal de Las Casas
Provincia de Chiapas

Hermanos oyentes: La prostitución, tema de nuestra reflexión de hoy, es una realidad ancestral y presente en casi todos, por no decir en todos los ámbitos o lugares de la tierra.

Y ¿qué entendemos por prostitución?: la práctica, de que las personas: generalmente por un precio, se avengan a mantener relaciones sexuales con alguien que no es su esposo o su esposa.

Hay o existe quien distingue el mantener una relación con una mujer que se dedica a prestar lo que se entiende como un servicio: por lo que la parte recibe una asignación en dinero o con otra recompensa.

Pero también existe quienes viven o se mantienen con su esposa o esposo y con su familia, pero: con osadía se toman la libertad de mantener una relación sexual con otra persona.

 Abordar este tema desde el objetivo de nuestro programa Vida Interior: nos lleva o conduce a preguntarnos: y ¿cuál es la presencia o la acción de Jesús en esta realidad extendida por el mundo entero?

Nos atrevemos a hallar una respuesta clara y contundente a esta pregunta: Jesús de Nazaret, el hijo de Dios Padre y de María, ha asumido y asume a toda la Humanidad: la del pasado, la del presente y la del futuro; nadie está excluido y menos rechazado de la presencia  del Señor. Jesús se ha encarnado en toda la Humanidad. Así Jesús vive en cada persona sea cual sea nuestra  creencia y nuestra conducta.

El alma pues de nuestra Vida Interior es el Señor; un Señor que respeta y asume todos nuestros comportamientos, sean buenos o sean malos; a los buenos los anima su Espíritu y a los malos les acompaña lo que ha sido y es la Pasión del verdadero y definitivo Señor del mundo. 

Ahora mismo, queridos oyentes: podemos reconocer y apreciar la presencia y la complicidad de Jesús en cada uno de nosotros. Todos tenemos y vivimos acciones buenas, positivas y acertadas, como también otras, muchas o pocas, que son malas o desacertadas. El amor de Jesús no se ha alterado: sigue confiando en cada uno de nosotros porque su Amor es más definitivo y poderoso que nuestros desaciertos.

Hermanos, amigos oyentes: si aprendemos a percibir la solidaridad del Señor Jesús como fuente  y sostén de nuestra Vida Interior: en los errores y los sucesos marcados por el mal: podremos compartir lo que ha  sido su Pasión para cada uno de nosotros.

En los aciertos y en las acciones positivas, aprenderemos a no vivirlos solos y menos como un mérito propio; sino que Jesús y nosotros compartimos su Vida porque Él pretende y desea que también sea la nuestra. Lo que da nombre a nuestro programa es la expresión “Vida Interior”.

Esta reflexión, que ha surgido de lo que llamamos prostitución: nos ayude a aprender y a mantener el caudal del Amor, un Amor más poderoso y definitivo, que nuestros desaciertos: porque es la Vida Interior, la que aquí, en nuestra condición humana, se fragua y crece porque con el Señor es Vida Eterna.

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